A medida que ingresamos por la Ruta Nacional 9 bordeada por cerros y montañas, el cielo se hace más diáfano y las piedras adquieren tonalidades más intensas azules, ocres, malvas, grises o blancas.
El viaje gradual por esta carretera que asciende hasta el altiplano boliviano es una buena adaptación progresiva al mal de altura.
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